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Sudáfrica. Día 4: Kleinbaai (Gran Blanco) y Ciudad del Cabo (Table Mountain, Mamá África).

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Día 4: Kleinbaai (Gran Blanco) y Ciudad del Cabo (Table Mountain + Mamá África).

En realidad, levantarse a las 3:30 h. de la madrugada estando de vacaciones debería estar penado. Aunque como somos los primeros que recoge el chófer, y nos quedan unas 3 horas para llegar a Kleinbaai (el mejor lugar en Sudáfrica para ver al Gran Blanco), nos vamos a pegar una linda siesta toooodo el camino.

Con respecto a la empresa con la que hacemos esta actividad, www.sharkcagediving.co.za, los elegimos por puntuación, precio y recomendación de nuestro guía de Durban. Además fueron muy amables y pacientes (sí, soy muy preguntona) durante la reserva. Y también estuvieron muy atentos informándonos sobre la cancelación y las alternativas. Así que, de primeras los recomiendo.


Si contratas el transfer desde Ciudad del Cabo puedes aprovechar el largo camino para descansar.


Primero hacemos una breve parada de 10 minutos en una gasolinera para estirar las piernas un poco. A continuación, llegamos a Kleinbaai donde tienen las instalaciones y puedes tomar algo de desayuno (está incluido). No obstante, recuerda que cuanto menos lleves en el estómago, menos vomitarás en el barco…

Tras el desayuno reproducen un vídeo explicativo de la actividad donde te recomiendan llevar lo justito al barco. Por ejemplo, lleva el bañador ya puesto y encima la ropa imprescindible, los escarpines, la cámara acuática y una bolsa impermeable. Según parece, cuando estés en el barco en mitad del mar (dando sus correspondientes bandazos) te vas a tener que poner el traje de neopreno sobre el bañador y dejar la ropa seca en una zona común donde todos entran mojados (por eso lo de la bolsa).

Del mismo modo, te recomiendan dejar en las instalaciones lo que no necesites: móvil, llaves, cartera, ropa para cambiarte luego. En serio, el barco no es el mejor sitio para dejar nada, no porque no sea seguro, es que es un auténtico caos y hay mucha gente. En realidad es como si compartieras habitación con 15 herman@s más...


Consejo: pregunta lo que haga falta para que te quede todo claro.


A continuación, realizan un nuevo repaso de la preparación antes de la jaula y cómo comportarnos en cada momento si aparece el blanco. Eso sí, todo en perfecto inglés. Pero, si te soy sincera, allí había gente que no tenían mucha idea del idioma y se enteraron (entiendo que por su propio bien). De todos modos, si no entiendes algo, el personal es súper majo y te lo explica las veces necesarias.

Sports Camera
El barquito, la jaula y las víctimas.
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Jose concentrándose en el horizonte.

Seguidamente, nos ofrecen un impermeable muy-muy naranja tipo pescador. Aunque pueda parecer un poco gafe ir vestido a lo Kenny McCormick para ver al Gran Blanco, coge el impermeable, es calentito y te va a hacer mucha falta. Después nos acercamos a la orilla para montarnos en la embarcación y nos dirigimos a la zona de tiburones. De hecho, hay 3 barcos más cerca del nuestro, así que debe ser el mejor sitio para verlos.

Ya estoy aquíííííí.

El trayecto dura unos 15 minutos hasta la zona “clave” y eso que van rapidito de narices. A pesar de que al llegar echan el ancla, el barco se mueve casi más que en marcha. Entonces, empiezan con el ritual para atraer al blanco: carnaza, más carnaza, un trozo de corcho con forma de foca... Tras media hora esperando empiezan a marearse los primeros compañeros... Lo que viene siendo más carnaza.

Media hora más tarde seguimos sin ver nada. De hecho, nadie se ha metido en la jaula. Aunque tampoco parece que enjaulados en el mar vayamos a estar más calentitos que en cubierta. Según nos han explicado, en la jaula caben 8 personas, por eso se hacen varios grupos. En caso de ver indicios de que se acerca un tiburón, bajan al primer grupo y el resto lo ve desde el barco. Puesto que la duración del avistamiento es imprevisible, intentarían que el grupo de la jaula saliera pronto para que pudiera entrar otro.


Hemos venido a jugar (o a intentarlo).

Por desgracia, llevamos casi dos horas allí con media tripulación vomitando, la otra media muerta de frío y sin movimiento de tiburones. De hecho, lo único en movimiento es el barco que se balancea sin parar. Aún así, la bióloga nos ofrece bajar a la jaula antes de irnos, por si alguno quiere “experimentar” algo (algo parecido a una hipotermia, pensé yo). De repente se hace el silencio, excepto por uno de los compañeros que dice que quiere bajar al menos a mojarse. Y ahí que voy yo detrás, tiritando pero gritando “hemos venido a jugar”.

Finalmente, somos cuatro los locos en la jaula, que es enorme. Por una parte, hay una barra a la altura de las manos para agarrarte y así evitar sujetarte a los barrotes. Por otra, hay una especie de travesaño a la altura de los tobillos para enganchar los pies debajo. Pero esta última solo puedes usarla a ratos y aguantando la respiración. En realidad es para cuando quieras mantenerte bajo el agua si hay algo interesante que ver.

Aunque el agua está helada, lo que me preocupa es la facilidad con la que, debido a los movimientos del barco, se me salen las piernas de la jaula y no soy capaz de mantenerlas dentro. Por suerte, todo lo que se nos acerca son muchos peces y una manta raya enorme.

Volvemos a tierra

En resumen: dos horas y pico en el mar y ni un tiburón. En realidad, los otros barcos que nos acompañaban tampoco han tenido suerte. Así que todos a tierra donde nos espera nuestra ropa seca y una deliciosa lasaña que también se incluye en el precio de la actividad.

En conclusión, nos hemos pasado varias horas en el mar y tengo la sensación de haber estado forzando una situación de manera poco natural y que, en realidad, debido al tiempo la probabilidad era casi nula. Por otra parte, creo que si hubiera aparecido el Gran Blanco, las posibilidades de verlo desde el agua eran escasas, principalmente porque con tantos grupos, hay que tener mucha suerte para que sea el tuyo el que esté justo en el agua cuando venga el tibu. En definitiva es asi como que te toque la lotería... Bueno, al menos me vuelvo con un bono que me permite repetir la actividad en un plazo de dos años.

A las 12:00h. comienza el viaje de vuelta y nos lo pasamos durmiendo, de nuevo. Por suerte, llegamos al hotel sobre las 14:30h., tiempo suficiente para recuperarnos de la (no)experiencia y aprovechar la tarde. En realidad volvemos a terner que improvisar los planes, ya que no hemos organizado nada por miedo a llegar tarde y tener que anular los planes. No obstante, nos da tiempo de darnos una ducha calentita, comprobar que por fin Table Mountain abre el teleférico y sacar las entradas por su web.

Table Mountain

Aunque no hayamos visto ni medio tiburón, al menos vamos a ver uno de los iconos de Ciudad del Cabo. Aparcamos en el lateral de la carretera a unos 200 metros de Table Mountain (es gratuito, como mucho se te acercará un “gorrilla”). Por lo general, en la entrada se montan unas colas considerables. Por eso llevamos nuestros tickets en el móvil, lo cual nos permite entrar en menos de 10 minutos. Conclusión: compra online y triunfa. De hecho, cuestan lo mismo y te ahorras la espera, tienes 7 días para usarlas (excepto el tipo early-access) y no tienes que imprimirlas.

Así que, una vez dentro, nos montamos en uno de los dos teleféricos. En cada uno caben unas 65 personas y el trayecto dura unos 5 minutos. En realidad toda esta información viene en la web, lo que no leímos fue que las ventanas van rotando y no todas tienen cristal. Como resultado casi pierdo la cámara en el ascenso, avisad@ quedas...


Lo que el viento casi se lleva.

Con respecto a lo de abrigarse, que creo lo he mencionado alguna vez, grábatelo a fuego para subir a Table Mountain. Una vez más el viento es el principal protagonista, más que la montaña, y hace bastante incómoda la visita. En primer lugar, nada más salir del ascensor, tomamos el sendero hacia la izquierda, disfrutando de las vistas al centro de Ciudad del Cabo. Justo después nos vamos hacia la derecha, la zona desde la que se ve Camps Bay e incluso parte de Península. A pesar de estar rodeados de precipicios, toda la zona está bien asegurada, apta incluso para niñ@s. Y, además, los caminos están muy bien conservados, al menos los de la zona cercana al teleférico.

Aunque las vistas son maravillosas, no era la idea que teníamos de Table Mountain. En realidad, nuestra primera intención era subirla a pie por Camps Bay o bien bajarla por esta misma ruta. De hecho, habíamos leído y visto muchos vídeos sobre ello y contactado con una guía para hacerlo. Sin embargo, el tiempo no es el más adecuado y las lluvias de los días previos han embarrado los senderos. De nuevo, nos quedamos con las ganas y sumamos uno más a nuestra lista de “motivos para volver a Sudáfrica”.

No obstante, si estás interesad@ y el tiempo es piadoso contigo, aquí te dejo información para disfrutar más y mejor de Table Mountain: www.capetown.travel o también en www.sanparks.org.

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Mama Africa: por fin una auténtica cena capense.

Es nuestra última noche en Ciudad del Cabo y hemos reservado en el famoso restaurante Mamá África (sí, reserva con tiempo porque no es fácil). Además, mañana no tenemos actividades de barco, así que podemos darnos un gran festín (de postín), que ya llevamos varias noches casi ayunando… Llamamos un Uber que nos deja en la misma puerta del restaurante. Por una parte, no queremos tener que buscar aparcamiento en el centro de la ciudad y de noche. Por otra, no queremos conducir después de la cena porque queremos tomar uno de sus famosos vinos.

En realidad hemos leído mucho de Mamá África y todo positivo, pero superó nuestras expectativas. En primer lugar pedimos bobotie, que es un típico pastel de carne con pasas, y luego avestruz y cocodrilo con vino de la zona. En realidad, cualquier vino en Cape Town está más que decente pero es que la comida de este sitio está riquísima. Además suele haber un grupo de música tocando de fondo, muy animado, que incrementa tu cuenta en unos bien invertidos 1,25€ por persona. En resumen: la comilona, 2 bebidas por cabeza y la música en directo nos ha costado menos de 40€ en total. AVISO: Como consecuencia del atracón de comida pasaría una noche de perros con el estómago, pero he venido a jugar y volvería a hacerlo.

Después de la cena otro Uber nos lleva a casa. Aunque el centro está animado, recuerda que Ciudad del Cabo no es segura de noche y no hay que ser muy listo para darse cuenta…A pesar de todo, esta ciudad enamora y el día es suficientemente largo para poder aprovecharlo en ella, no te arriesgues a que esté oscuro.

Lo que he aprendido de mi intento de ver al Gran Blanco y que deberías saber:


  • Si las embarcaciones llevan días sin salir, no hay “actividad de tiburones” (shark activity) registrada.
  • Sin actividad registrada, las opciones son absolutamente desconocidas, pero si ha estado haciendo mal tiempo, probablemente las posibilidades sean pocas.
  • Toma pastillas para el mareo la noche antes y esa mañana, siguiendo las indicaciones del prospecto.
  • No cenes mucho la noche anterior y si desayunas, que sea poco y ligero.
  • Aunque sea incómodo de llevar (vamos a obviar lo de antiestético), coge el impermeable naranja fosforito.
  • Lleva solo lo puesto al barco y la cámara acuática, deja el resto en tierra.
  • Llévate ropa para cambiarte y déjala en tierra, porque vas a salir empapado del barco, bajes a la jaula o no.
  • Si no ves un churro, como nos pasó a nosotros, asegúrate de llevarte el bono para gastar en 2 años.


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Sandra
Sandra
Apasionada de los viajes y aprendiz de bloguera. Se aceptan todo tipo de consejos :)