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Sudáfrica. Día 6: Tiburones en Durban.

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Día 6: Tiburones en Durban.

Una vez más suena el despertador a una hora indecente. En efecto, son las 4:30h. y nos preparamos para nuestro segundo intento de ver tiburones. Aunque Durban había disfrutado del sol toda la semana, parece que nos hemos traído el mal tiempo de Ciudad del Cabo. Como consecuencia, ayer mismo tuvimos que cambiar los planes y adelantar los tiburones (que siempre han sido nuestro objetivo principal) a hoy sábado, eliminando cualquier posibilidad de ver el Parque del Humedal de Isimangaliso, un paraíso de la biodiversidad.

Así que, con todos los huevos en la misma cesta, terminamos de preparar nuestras mochilas, tomamos un zumo y un café "a palo seco" (recuerda el truco de cuanto menos lleves en el estómago, menos vomitarás en el barco) y esperamos a que venga Rudi a recogernos a las 5:30h de la madrugada.


Qué hacer en Durban


En un principio no teníamos claro qué hacer en Durban porque Isimangaliso está relativamente lejos para hacerlo en un solo día. Además, queríamos hacer el Sani Pass (suerte que no elegimos esta opción porque hubiera sido imposible con tanta lluvia) y, cuando valorábamos la opción de ver una aldea zulú, apareció Rudi y su web, donde hablaba de la posibilidad de ver tiburones, en mar abierto y la opción de hacerlo sin jaula.

A pesar de que Jose no tenía claro lo de renunciar a la jaula, me animó a reservar esta actividad porque sabía lo que significaba para mí ¡¡¡tiburones!!!


Conociendo a Rudi


Del mismo modo que tuvimos que contactar mil veces con Shark Cage Diving (tienes la info en Reservas paso a paso) a Rudi lo tenemos frito a mensajes. De hecho, fue Rudi quien nos ayudó a elegir el resto de actividades sin importarle si él cobraba más o menos por esa actividad.

Asimismo, ayer nos indicó qué llevar en la mochila para un día como hoy, en el que, si tenemos la suerte que nos ha faltado hasta ahora, veremos tiburones ¡en plural! Por ejemplo, como ya hicimos en Klenbaai llevamos el bañador, una toalla, la cámara acuática y ropa para cambiarnos cuando nos sequemos.

Después, en el trayecto de casi una hora desde nuestro alojamiento a Umkomaas, que es donde vamos a hacer la actividad, nos va explicando paso a paso qué vamos a hacer y cuáles son los riesgos. Entonces, hace la pregunta ¿queréis con o sin jaula? Jose y yo ni nos miramos para responder: ¡hemos venido a jugar!

Rudi Botha
Rudi Botha, el mejor guía posible.

Trucos para nadar seguro en mar abierto


A diferencia de Klenbaai con el Gran Blanco, y puesto que hemos subido de nivel, aquí debemos tener en cuenta algunas cosillas más que en nuestro primer intento de ver tiburones. Por ejemplo, nada de brilli-brilli y esto incluye anillos, pendientes, relojes, uñas pintadas... y mi única cámara acuática que es de un poco discreto color amarillo pollo. De hecho, para la cámara pequeña de acción, tenemos que usar un rotulador permanente negro y pintar los botones plateados que tiene para ocultarlos. En definitiva, no causarles demasiada curiosidad a los tiburones que se acerquen a vernos.

Por otra parte, Rudi nos indica cómo debemos entrar en el agua, des-pa-cito, nada de hacer bombas (vale, creo que esto tiene sentido). Además, nos insiste en nadar con los brazos cruzados y pegados al pecho, nada de dar brazadas imitando focas locas. En serio, si en esta parte aún no te has acojonado, es que no estás entendiendo bien la historia… Por mi parte, creo que estaba demasiado dormida aún para ser consciente de lo que Rudi decía.


El Club de buceo


Finalmente llegamos a Umkomaas sobre las 7h. y Rudi nos presenta al equipo, súper majos (y colgados) todos, que nos dan una segunda charla y nos ofrecen las pastillas para el mareo. Luego llega el capitán, al que llaman “skipper” (ya sabréis por qué). Y, tras una intensa charla sobre el maldito tiempo de Sudáfrica, en la que Rudi insiste en que hemos venido al país solo por los tiburones, el Skipper decide dar su visto bueno para ir al mar. En este momento no quepo en mí misma. De hecho, no sé si tiemblo de frío o de nervios. En realidad, creo que por ambos...

En vez de hacerlo directamente con la escuela de buceo, decidimos hacerlo a través de Rudi por tres razones de peso. Primero, Rudi solo estará con nosotros, independientemente de cuánta gente vaya en el barco, Rudi es nuestro guía exclusivo y lleva haciendo esto muchísimos años. Por otra parte, además de un guía súper entregado es fotógrafo y nos va a grabar la experiencia y a editar un vídeo (ya incluido en el precio). Por último, y lo más importante, ha prometido defendernos con su vida. En efecto, está más colgado que nosotros…


Empieza la aventura


Con todo listo (traje de buceo, cámaras, gafas y snorkel) nos montamos en la parte trasera de la camioneta que a su vez lleva la lancha enganchada. En la lancha neumática, a la que llaman “rubber duck”, van los instructores y en la parte trasera de la camioneta vamos las ricas víctimas. Después de un paseíto de unos 10-15 minutos bajo la bonita lluvia sudafricana y con el viento correspondiente, llegamos a la playa.

Finalmente, nos bajamos todos y el conductor desinfla las ruedas al remolque y a la camioneta para poder moverse en la arena. Sin duda, es más sencillo para acercarse a la orilla y ponerse de espaldas. En este punto, solo el capitán sigue en la lancha atento a la marea, cuando está lo suficientemente lejos grita al conductor para que deje la lancha en el sitio clave. Entonces todos se ponen a correr antes de que vuelva la marea, desenganchan la lancha de la camioneta que sale pitando, llega el agua y todos empujan la lancha justo a tiempo para meterla en el mar.

En realidad aún no hemos empezado y ya estoy flipando con la maniobra… Mientras algunos aguantan la lancha en la orilla, nos empezamos a subir el resto, primero los torpes. Realmente no sé si considerarme torpe, pero cuando intento meter un pie en el agua, llega una ola y me revuelca enterita. En efecto, menudo festín (de postín) se van a dar conmigo.

El skipper y el mar


Y aquí es donde nos enteramos por qué le llaman skipper al majete capitán. En realidad la parte de meter la lancha en el agua era fácil, lo difícil es tener narices para meter la lancha mar adentro con olas de hasta 3 metros. Por supuesto, nos piden que nos pongamos los chalecos salvavidas y nos agarremos a la cuerda que rodea la lancha y que nos sirve de agarradera. También hay cuerdas en el centro de la lancha para poder meter los pies. Después, comienzan las maniobras y la banana loca me parece un juego de bebés al lado de los botes que vamos dando, esquivando olas a izquierda y derecha, surfeando sobre ellas, retrocediendo para evitar un drama. Por fin, el skipper encuentra un hueco y nos hace volar… Sin duda, lo mejor de todo es el ambiente, los instructores y Rudi hacen que todo parezca fácil y divertido, y eso se agradece.

A continuación, ya sin chalecos, nos adentramos 8 km a toda velocidad. Así que en unos minutos llegamos al lugar clave, paramos, miramos alrededor y me quema mucho, muchísimo, el estómago: estamos rodeados de aletas de TIBURÓN.

Aunque han pasado ya un par de meses, soy incapaz de recordar este momento sin alterarme, sorry!!!

Cuidado, tiburón


Pues nada, aquí estamos, lloviendo, en una lancha neumática en mitad del mar, a 8 km de tierra y rodeados de tiburones, con menos, Tarantino se marca un taquillazo. Sin embargo, Rudi está tan tranquilo, como si llevara media vida haciendo esto y nos pide que vayamos preparando el “equipo”. Primero nos ponemos las aletas y luego Rudi nos dice que limpiemos las gafas con el agua del mar pero nos advierte que lo hagamos despacito y con cuidado. ¿Hola?, ¿con cuidado? Se supone que luego me voy a meter entera...

Después, nos colocamos las máscaras, el tubo y vemos como Rudi se mete en el mar deslizándose suavemente por el borde de la lancha. En realidad, en este momento, no veo ninguna aleta detrás de él, hemos elegido el lado opuesto a los tiburones. Luego, toca nuestro turno, Jose y yo nos deslizamos y entramos en el agua con suavidad, todo controlado, sin nervios. Y recordamos cruzar las manos en nuestro pecho casi por defecto.

Entonces, Rudi nos recuerda que no debemos alejarnos más de 1 metro de él para que pueda agarrarnos fácil si pasa algo. En realidad, seguimos sin ver aletas, pero al meter la cabeza en el agua se me escapa un grito, cuento decenas de tiburones dando vueltas a nuestro alrededor, tengo la sensación de estar en una peli de terror. Sin embargo, es uno de los sueños de mi vida: estoy rodeada de tiburones.


La diferencia entre un sueño y un objetivo es una fecha.


Aunque creí que era difícil estar constantemente nadando con los brazos cruzados, me doy cuenta de que lo hago sin pensar, va a ser eso que llaman algo así como instinto de supervivencia... La verdad, no tengo la sensación de miedo en ningún momento, ni siquiera cuando vienen hacia mí y parece que les resulto invisible, porque no cambian su rumbo y acaban rozándome con la aleta ¿me estarán probando y yo aquí tan féliz?

A pesar de llevar el tubo de respiración, a veces saco la cabeza del agua. Entonces me doy cuenta del error: los tiburones están bajo el agua, no veo sus aletas pero sé que están ahí. Y, claro, cuando vuelvo a meter la cabeza en el agua, me sorprendo a mi misma gritando al ver que estoy rodeada de tiburones de hasta 4 metros. Vaya, tal vez no sea un error… En realidad es como si volviera a verlos por primera vez y la adrenalina se me dispara. Si te parece una tontería, te animo a probarlo :P


Una imagen vale más


Quizás Rudi se esté arrepintiendo de habernos insistido en que no nos separemos más de un metro de él, le está resultando bastante complicado sacarnos en el plano del vídeo… Por ello, nos avisa para que permanezcamos juntos, Jose y yo, mientras él se separa un poco. Vale, Rudi, pero recuerda el detallito ese de que prometiste defendernos con tu vida.


Tal como dicen, una imagen vale más que mil palabras. Aunque yo estoy convencida de que ni siquiera este video permite hacerte una idea de lo que se siente realmente ahí abajo, rodeada de tiburones en mar abierto, en su terreno. Tampoco de la sensación que te produce que te rocen por detrás, no lo ves, pero sabes que es uno de ellos curioseando. Tal vez pienses que estaba vendida totalmente, a la merced de esos peligrosos y temidos bichos. No te voy a decir que no muerden, mentiría, pero tenemos una imagen demasiado negativa de ellos y experiencias como la que hoy tuvimos lo demuestran.


Segunda parte


Por lo visto estuvimos más de una hora disfrutando de esta aventura. Por desgracia, la tormenta se volvió eléctrica y tuvimos que volver a tierra casi volando. Después, de vuelta en las instalaciones del club de buceo, nos dimos una ducha y bicheamos por la tienda del Club. Efectivamente, no podía volverme sin un recuerdo, encontré un fósil de Megalodón y me lo traje junto con una camiseta del club. En serio, un diente de Megalodón de Sudáfrica, estoy bordando el día con mi frikismo…

Son las 11:30h., nos despedimos de l@s chic@s del Club de Buceo y nos vamos justo al restaurante de la esquina a comer con Rudi. También está incluida la comida en el precio y, tras varias horas en el agua y sin desayunar, poco nos importa que sean menos de las 12pm. Además, el restaurante tiene unas vistas geniales de la playa y disfrutamos tanto de la comida como del paisaje.



Finalmente, Rudi nos lleva a casa y por el camino vamos planeando el día siguiente. Aunque no son ni las 15h. estamos derrotados y decidimos quedarnos en el apartamento a descansar. Además, la tormenta está apretando y no cesa en toda la tarde. De hecho, hace tan mal tiempo que Anne y Andre vienen a preguntarnos si estamos bien y nos ofrecen hacernos algo de cena para no tener que salir a la calle. Una vez más, poca opción nos deja el tiempo.

No obstante, estamos muy satisfechos con el día, hemos cumplido nuestro objetivo principal con creces, no solo hemos visto tiburones, hemos nadado con ellos. ¿Será lo mejor del viaje?


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Sandra
Sandra
Apasionada de los viajes y aprendiz de bloguera. Se aceptan todo tipo de consejos :)